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Viajar en el metro me causa sensaciones  encontradas. Primero, me parece genial poder hallar a viejos amigos en los andenes, leer con tranquilidad, tener una charla muy constructiva por 30 minutos con un perfecto desconocido sobre cualquier tópico y hasta recibir una coqueta sonrisa que por un momento me hace sentirme “no tan feo”.

A veces lo odio, primordialmente  cuando entran los vagoneros con sus modernísimos dispositivos compuestos por un lector de discos compactos portátiles y una mochilita con una bocina que agrede los oídos por su volumen. A veces me ponen de buenas; ellos tienen mayor conocimiento sobre la industria disquera que cualquier director de ventas. Siempre promocionan el éxito del momento o logran recopilar las mejores rolas de su género en un solo disco, aunque eso no quita que me resulte molesto que ellos o cualquier persona agredan mi derecho al silencio o a charlar con una persona mientras me transporto.

El día de hoy en la línea 2 del metro me topé con una persona que llamó mi atención. Una mujer se subió a leer la Biblia un versículo del Apocalípsis en el que el fin del mundo es anunciado por terremotos y guerras; invitaba al arrepentimiento y la oración. Desgraciadamente  no me pude quedar a escuchar el resto de la predicación por que había llegado a mi destino.

Más tarde, en la linea 3, un  joven subió a anunciar un “documental” sobre las cómo las televisoras expanden cortinas de humo para cubrir los “actos nefastos” del gobierno en turno y de el posicionamiento que ellas hacen de los prospectos a candidatos presidenciales en el 2012. El rutinario speech del joven vagonero estaba repleto de isnultos. Acusaba a las televisoras de agredir a la “cultura de la nación” y de llenar de mierda las mentes de los mexicanos.

No es que no considere reprobables muchos de los contenidos de la televisión abierta, pero este jovencillo, remedo de intelectual logró sacarme de mis casillas y de no ser por el respeto que le profeso a los otros usuarios del transporte colectivo; no detuve su pésimo discurso igual de plastico, vulgar  y  alienante que muchos programas de revista y del corazón que pasan en las televisoras que él estaba criticando.

En primera, que molesto es escuchar a una persona que se jacte de pertenecer a una comunidad intelcectual (en este caso decia pertenecer a un colectivo llamado 6 de julio) expresarse con una infinidad de palabras ofensivas hacia cualquier grupo o individuo. Me dió la impresión de que soltaba este finísimo repertorio para demostrar sus habilidades verbales (o su enojo) para  formar una “cortina de humo” que cerrara las oportunidades de un diálogo o la formación de un argumento en contra de todo lo que decía.

Ya la simple presunción de la “cultura nacional” como una enorme estatua de mármol  que no debe de ser modificada y que no tiene “sus lados oscuros” me pareció chocante, como silos filósofos modernos no pudiesen citar a Homero Simpson como el gran Sócrates citaba a Homero y resultar de ello un ejercicio intelectual exquisito.

Después, me molestó más que él, siendo parte de un grupo que desconoce a las Instituciones y al Gobierno de éste país, tacahndolo de ilegítimo; y por tanto al voto de muchos que participamos en los comicios del 2006 se esté preocupando  por manipular algo que para es ellos invalido e ilegitimo a priori.

Finalmente ( y creo que es la mayor de las causas de mi enojo) ¿Con qué calidad moral este individuo se pone a denunciar precampañas ilegales por parte del PRI y del PAN cuando él mismo está realizando una campaña de difamación y de poscionamiento a otra fuerza política?

¿No es igual de ilegal un comercial conducido por Lucerito sobre las maravillas del gobierno de Peña Nieto que el mensaje de año nuevo del Peje por cadena nacional?

¿No es igual de enajenante sentarse a ver Muevete que estar patinando en el hielo en el Zócalo cuando con dificultades se puede vivir dignamente y con seguridad en la Ciudad de Los Palacios?

¿No son igual de molestos los twitts de Federico Arreoloa y su ejército de changos fumadores que cualquier comercial de Electra?

No me molesta la crítica a los medios públicos (ya sean de comunicación o de transporte), tampoco la libertad de expresión en éstos. Me molesta la doble cara con la que ciertos grupos “liberales” tratan de despertar al dormido con un toloache de diferente sabor.

De todos los vagoneros de hoy, me quedo con la predicadora de la mañana. No se si esta equivocada, pero por lo menos ella en vez de querer imponerme su ideología, solo me hizo una cordial invitación a la introspección . Y eso que su discurso tampoco era bueno.

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